lunes, 26 de septiembre de 2016

Los culpables.






 Es curioso que cada vez que veo las noticias, los periódicos, la televisión y escucho las conversaciones de la gente  me doy  cuenta de lo equivocados que estamos.

Desde que somos niños y jugamos entre nosotros, nos peleamos e imitamos a los mayores, todos nos hemos llevado más de una vez las del pulpo . Siempre hay quien se las lleva todas, quien las da, por supuesto siempre hay un chivo expiatorio y un culpable: la criatura... los padres, la educación que le dan, la sociedad... se nos olvida que todos hemos sido niños y  nos hemos peleado. El problema es cuando se sale de los limites y lo personalizan los mayores.

Curiosamente en cualquier problema diario, en el trabajo, con la familia, con los amigos siempre tenemos que buscar algo o alguien sobre lo que recaiga el peso de toda nuestra impotencia, ira, tristeza, frustraciones y una larga lista de sentimientos y asuntos sin resolver que seguirán estando ahí, por lo que el problema no se ha solucionado.

Los causantes son todos los demás, nosotros quedamos exculpados por nuestra obra y gracia y la mierda siempre se queda fuera. Dejar los prejuicios, las proyecciones de nuestros problemas y defectos sobre los demás es un buen comienzo para ver la vida de otra manera.  
Todos en mayor o menor medida queremos hacer un mundo mejor. Para ello, como un refrán chino dice, mejor demos tres vueltas a nuestra casa antes de querer cambiar lo de fuera.


Replanteémonos el cómo actuar sobre lo cercano en vez de quejarnos de todo: si en nuestro barrio faltan papeleras, si nuestra vecina deja algo delante de nuestra puerta,  si el compañero es pesado y  no deja de contarnos la misma historia, todos los días la misma  discusión por el mando con nuestra pareja....

En las peleas y altercados buscamos la mayoría de las veces  tener la razón en vez  del entendimiento mutuo.

Puede uno quedarse en la rueda girando eternamente o ponerle solución. No somos iguales y se puede necesitar más o menos tiempo, pero la satisfacción y la ligereza de no tener ese peso merecen la pena.

Menos culpables y más soluciones. 






Imagen de wikipedia  Autor: Lionni. 

Bajo la misma licencia que en la pagina de wikipedia. 
































viernes, 16 de septiembre de 2016

Caminos iniciaticos.






Entre mis lecturas habituales había un libro sobre el Camino de Santiago, sus leyendas y su importancia como experiencia trasformadora para quien lo hace. Releerlo y las últimas experiencias de mi vida me han llevado a pensar sobre los caminos iniciaticos y nuestras vidas.

Las historias, leyendas, libros, películas, juegos nos presentan los caminos como viajes y experiencias en lugares lejanos y peligrosos en los que el caminante tiene que solucionar enigmas, vivir aventuras y cumplir con las reglas que el mismo camino pone.

Si miramos a nuestro alrededor y observamos con los ojos de la experiencia y  de nuestra alma nos daremos cuenta que cada día muchas  de las actividades que hacemos en nuestras rutinas lo son. Caminos.

Para los amantes de la lectura cada libro que leen es un viaje de este tipo, entre sus líneas están escondidas las pistas para llegar al ansiado tesoro. Quien lo lee es quien cambia su vida,  la historia sigue siendo la misma en esencia: quien lee, ya no.
Hay que estar dispuesto a comenzar, el precio que se paga es alto, la apuesta grande y el premio a obtener lo que deseamos y soñamos.

La verdad es que ir a por el pan o acudir al trabajo no parecen a priori un camino iniciático. Pero muchas rutinas que emprendemos lo son. Una amistad, una relación de pareja, unos estudios, una pasión, un mal trago. 
El miedo es  mal compañero en estas aventuras,  mejor mantenerlo a distancia, ser honestos con nosotros mismos, perseverantes y sobre todo  tener una paciencia infinita.  Posiblemente alguna noche durmamos en la mejor de las posadas, pero otra nos toque la cárcel.

El juego de la oca que es un juego de tardes en familia en su origen es uno de esos caminos. Cada casilla tiene un significado. Algunos lo identifican con el Camino de Santiago, otros le dan diferentes sentidos, procedencias y leyendas.

Ya sea cerca o lejos en tiempo, espacio o lo que uno quiera os invito a investigar por amor al conocimiento,  los caminos que cumplan nuestras expectativas. Pero no olvidaos de los senderos y viajes personales de nuestras vidas que son igual de importantes si queremos encontrar aquello que buscamos. 



Si os apetece escuchar algo mientras leéis este post os recomiendo. Sin miedo de Rosana.


Imágenes propias.
Imagenes bajo la misma licencia que el Blog.



domingo, 4 de septiembre de 2016

Timofónica, una vieja amiga.



Una mañana infinitamente soleada dentro de un verano que se me antoja también infinito, reseco, polvoriento. De esos de pasar las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio. Mochila cargada con compras, ni una brizna de aire moviendo las hojas. Una cabina de teléfono. Las de a cielo abierto y máquina azul muy baqueteada. Esas en las que te quema el sol en verano, te llueve en otoño y te deja las orejas congeladas en invierno. De toda la vida.

La que se traga una moneda de cincuenta céntimos con sonido goloso a cambio de nada. Pip-pip-piiii. Timofónica. Y no vale colgar con ira ni hacer el pino para tratar de patearla: jamás devuelven nada. 

Abuela decidida apura el paso hasta llegar a mi lado. Le advierto que la cabina come y ni eructa, me mira con aire de experta. Es el de ese lado, asegura, el otro va bien. Cachisen, cincuenta por ciento de probabilidad de haber acertado, y uso la equivocada. Mientras, la señora ha echado mano al monedero y está marcando. Oigo, inconfundible, el ruido del monstruo azul tragando. Ni Moby Dick. Dos euros de la tacada. La mujer sí que le arrea a la máquina con el auricular mientras baja a todos los santos del cielo con un vocabulario admirable. Siempre es buen día para aprender una palabrota. Nada, a la cabina le falta reírse por lo bajini. Me va a llover, es naipe fijo.

Ya lo creo. Con toda razón grita la señora que quieren quitar todas las cabinas y que eso no es poder elegir, es tragas o tragas. No tiene teléfono en casa porque es caro y porque no le da la gana. Ni se va a comprar un móvil por lo mismo, con una pensión de mierda. Le acaban de robar dos euros por intentar llamar a su hijo, que vive fuera. ¿A quién le reclama? ¿Dónde está la cabina más cercana, capaz de tragarse otros dos? 

No está llorosa, si no indignada. Con razón. Hace un calor de todos los demonios y la siguiente cabina que yo recuerdo está a unos diez minutos por la solana. Sin garantía de que no sea otro timo. Al final se disculpa y le aseguro que no tiene por qué hacerlo. Y remata, antes de alejarse, nombrándolos uno por uno, cuántos deberían estar colgados en la plaza del pueblo para escarmiento público. Empezando por Álvarez Pallete, presidente de Timofónica.



Imagen: De User:Dantadd - Trabajo propio, CC BY 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1728494