viernes, 15 de diciembre de 2017

Un aperitivo de Navidad




No siempre te dejan probar lo que te apetece, nosotros nos saltamos la regla. Dadle un mordisquito, echad una ojeada y felices fiestas!!!




domingo, 10 de diciembre de 2017

¿Dónde está el huerto?




No se conocieron con quince años. Ni en el mismo instituto, ni el mismo pueblo, ni la misma cuadrilla.

Tampoco tendrían por qué haber conectado. Él era largo, flaco, de manos y pies grandes. Del antiguo pueblo, pálido de pellejo, ojos color bosque oscuro, pelo de ala de cuervo, nariz ganchuda.

Se juntaron tarde. Tarde tuvieron una nena más lista que el hambre. Ana. Anne. Total, no suena tan diferente. 

Aita (papá) se buscó un trocito de huerto que alquilaban por precio simbólico los del ayuntamiento. Ama (mamá) iba cada día en autocutre a su trabajo. Ana (o Anne), a la escuela. Aparte de lo cotidiano todos hacían más cosas. Pero eso se sale del cuento que contamos.

Papá no estaba muy dispuesto a dejarle una azada a su hija. Porque era una azada, y pesa, y porque las nenas no son fuertes, y porque quieras o no, haces cuentas sobre las cuentas que otros hicieron. Pero la nena preguntaba. Acertando. Y al final le dejó la azada y sus propias manos, no la jodamos y te hieras, yo te ayudo. Cavemos.

Cavemos fue vamos a ver si espigan, agua a ver cuánta cayó, vamos con la cesta, vamos al monte. A las veras del río a por los bulbos del hinojo. Arriba, en su tiempo, a por castañas. A por hongos. A por barbarverdes o lo que ciertos árboles rezuman, que ya sabían de eso las amoñas (abuelas, en genérico, ancianas sabias).

Una noche Ana (o Anne) entró en tromba en la alcoba de sus padres. Como un rompehielos, tras sus pies descalzos el perro, la gata, y una bocanada de frío que volvía reales cuentos y leyendas. Mamá y papá se tiraron de la cama,¿Qué pasa, hija, tranquila...qué es?

Era el viento. Había pelado todos los huertos, a ras de suelo, cercanos al río. Una guadaña sin mano que la esgrimiera. Lo que se tenía en pie estaba negro, congelado y quebradizo. Esa es la vuelta de la marea.

Cuando Ana (o Anne) creció, hizo muchas cosas. Entre ellas, escribir un cuento infantil ("¿Quién se llevó mi huerto?")  y un libro para todas las edades titulado "La vuelta de la marea". Me han contado que en él se narran infinitas historias viejas de tiempos perdidos y de sabiduría. Estoy deseando leerlo. 


Imagen wikipedia, creative commons.

Dedicado a Ainhoa, mi compañera, cuya magia alcanza hasta a contarme cuentos en sueños.




miércoles, 6 de diciembre de 2017

Comunicando




Recién instalada. La puerta acababa de  cerrarse tras sus amigos. La primera cena en su nuevo hogar había superado la prueba de fuego. Una reunión animada, comida china, juegos de mesa, una peli , y al final una larga tertulia. Fue apagando las luces hasta dejar nada más la de su habitación. Pasó por la cocina, donde los cacharros esperaban  la fregada del día siguiente. Apagó la luz antes de meterse en la cama. Le gustaba sentir el frío suelo a través de los calcetines, antes de entrar entre sabanas y mantas. Cuando los recuerdos de su estrenado hogar y las sensaciones de placer después de haber recordado toda la mudanza se asentaron, se dejó  llevar hacia el mundo de los sueños. Entonces sonó el teléfono fijo una vez, eran más de las dos de la mañana, nadie en su sano juicio llamaba a aquellas horas. Se tapó con las mantas y cuando estaba a punto de dormirse ocurrió lo mismo. Otro tono, y silencio. A la tercera se levantó y desconectó el fijo, ya casi nadie los tenía.  Fue a la cocina y echó una mirada asesina a los platos que se acumulaban.

Una idea obsesiva se enseñoreó de su mente. Las llaves. De nuevo atrás en el breve pasillo, localizar su bolso, agitarlo esperando oír el sonido tranquilizador. No. Cálmate. Mira. Al final las llaves estaban justo donde debían estar, puestas por dentro en la cerradura con su buen cerrojo bien corrido. Sensato. Lógico.


La lógica salta por los aires la primera vez. Es tu casa (alquilada, ya). Son tu responsabilidad, las llaves y el cerrojo. Es el inmenso silencio que no contarás a nadie, la alquímica mezcla de desamparo, terror, voluntad, erratas, capacidad y máscaras. Mañana se fregarán los platos. En unas semanas breves tus amistades soltarán las lenguas y juzgarán: que valiente. Que imbécil. Mola la zona. Baratito, se nota. Tampoco está tan mal. El vestido es de hace dos temporadas, pero le sentaba. Cutre hasta el vestido. Si, es muy maja, muy buena gente, pero le hace falta un tío. O una tía. O un gato. Nos lo pasamos genial, buenas copas gratis, se curró el buffet casero. Ya, para cattering no le daba. Independiente, joven, con casita, mola.


Durmió bien. Se fue a currar de independiente jugándosela, zapato plano y ropa con dos temporadas. Y cuando volvió fregó los platos, se puso cómoda, se repantingó en el sofá color diez temporadas antes, encendió el Pc y el móvil. Calmada, sin ira. Imparcial como la Madre Tierra cuando hace su limpieza anual.




Texto escrito por Ainhoa y Guille. 
Imagen propia bajo la misma licencia que el Blog. 

sábado, 25 de noviembre de 2017

Libros nuevos






Una llamada de teléfono, un mail, seguir el envió en el buscador de Correos, una cola que parece eterna,  dos cajas y los sueños se hicieron  realidad. 20 kilos de papel, cartón y tinta que ahora descansan en nuestra biblioteca.

Dos años de perseverancia, de esperanza, más de 5 de prácticas escribiendo juntos, una escuela y aprendizaje que se paga con sudor; de cambiar impresiones, de me marcho a que me de el aire, de blandir la gramática como los predicadores la Biblia. Del síndrome de la pagina en blanco. 

Ahora queda un camino por delante. Días Bisiestos.

Comenzamos. 

Gracias, Tobías. 

Imagen propia, bajo la misma licencia que el Blog. 



viernes, 3 de noviembre de 2017

El caballo blanco del Apocalipsis



Una noticia de sexta fila, en el periódico local. Hay un muerto, hay tema y hay morbo. Si no, ni se hubieran molestado. 

Un tal fulano, sólo nombre de pila, 56 años. Ni tan siquiera ese suspiro por aquello de qué joven era. Más tieso que una mojama aparece en mi barrio, tirado en la calle. Bueno, dada la ceguera y sordera usuales...normal. Ajuste de cuentas, que es lo mismo que decir "muerte por fallo multisistémico", que equivale a decir "ni lo sabemos ni importa".

Pues no. Saltan todas las alarmas. Porque fulano, 56 años, vecino del barrio y más tieso que un bacalao, ha muerto con una jeringuilla pinchada en el brazo. Sigue sin importar un carallo, hasta que el periodista de turno, al que le ha tocado el marrón de noticia de mala página, se inspira. Una de dos: o tiene ya una edad y sigue en un puesto de mierda, o es un pollito/a que al menos sabe lo que es una hemeroteca.

Sea el pringado o el pollo, da en la idea buena: primero, evocar los años 80, cuando (dicen, y lo creo: yo no vivía en esta ciudad) los muertos por caballo eran más que los de su  colega el Jinete de la Peste. Cuando aquellas canciones de esas que odias pero recuerdas, 'aflamencadas', hablando de lo mismo. Hoy se habla de la guapa movida Madrid 80, esa sí la viví. Nunca de las traseras, lo que no salía en prensa. Todavía sobreviven algunos. En mi barrio. De los que a las 13.00 van a Metadona. Cadáveres vivientes, olvidaos de las pelis, zombies de veras. No muerden.

Y el periodista afina. La marea está cambiando. Las mafias, también. Aquí se planta y se cosecha más marihuana de la que podría caber en los Jardines Colgantes de Babilonia. Pero eso deja fuera a los magrebíes y sus famosas bellotas de 'costo'. Hay que recuperar el mercado. Según la autopsia forense, el tieso como carámbano lo fue por excesiva pureza de lo que se metió en vena. Así se empieza, como con la moneda en los viejos tiempos: confías en una moneda de oro, que va siendo recortada (cortada, en este caso), y perdiendo valor a la vez que todos la codician. No soy de quienes se asustan fácilmente, porque he visto casi un poco de todo. Pero volver a la guerra entre mafias blandas de maría y duras de caballo no me tranquiliza mucho. Ambos tienen ganas, dinero que perder o ganar, y armas. Y yo vivo en medio.


Al final lo conseguirán, entre la eterna dejadez (por no sospechar cosas peores) de unos y otros. La paz de los cementerios. Y entonces meterán la mákina de la bola tras engañar a quienes queden, y tendrán el solar más enorme de la zona norte de una ciudad. Arbolado incluído. Lo verán quienes, como siempre atrapados y desvalidos, se queden.




Imágenes propias,bajo la misma licencia que el blog.

viernes, 27 de octubre de 2017

Catedrales y bibliotecas



Otro viaje, otra mudanza, otro colegio, nuevos amigos. Miraba por la ventana las calles casi vacías, y la lluvia caer. Mamá aparcó el coche, sacaron las maletas y un par de cajas. No había mucho tiempo para nada. Papá ya estaba en su nueva casa, había llegado algunos días antes. Pusieron su maleta sobre la cama, era lo único que le  acompañaba en las sucesivas mudanzas y se negaba a deshacerse de ella aunque estuviera cayéndose a trozos. Aquella tarde los tres se acercaron a la biblioteca municipal que estaba cerca de casa y entonces su rostro se iluminó.


Era importante. Eso que los mayores llaman ritual, buscó la palabra en la letra r del diccionario. Ponerse de puntillas para coger su tarjeta personal; buscar una mesa para rellenarla, pegar la foto usando la cola en barra con su olor inconfundible mientras mamá y papá susurraban hablando con la bibliotecaria. Firmar con su nombre muy seriamente, lanzarse deprisa hacia los pasillos, el laberinto de lomos de colores. Y salir los tres con media docena de libros. Ahora ya estaba en casa. Ahora, la ciudad y el mundo eran suyos.



El sueño de un Día de las catedrales sería encontrar una desnuda. Sin bancos de madera, sin megafonía, sin añadidos. Donde el sonido de los pies hiciera eco, hubieran retirado arañas de cristal y luces última generación; en la que fuera el juego de luz y sombra de las horas del día lo que marcara el tiempo. Sin alfombras, ni el altar postconciliar cara al público. Con púlpito de piedra en vez de micrófonos. Y apenas le he quitado nada, luego todo podría reponerse en su lugar. Menos lo desaparecido para siempre.


Sus palabras sonaban en el silencio de la seo,  quien lo  oía miraba lo que le rodeaba mientras todas las moderneces desaparecían difuminadas entre las luces y las sombras y los colores de las vidrieras. Durante unos minutos aquel templo involucionó regresando a sus orígenes. Los que allí estaban vieron la iglesia primitiva, una ermita visigótica, hasta el templo romano con las aguas que emergían de la madre tierra. Quien hablaba se sumergió en sus aguas y entonces la campana  recordó que era mediodía. Los visitantes todavía impresionados salieron a la plaza donde la guía los esperaba. Les pidió disculpas por su tardanza, la excusa los trasportes públicos. Todavía hoy  se preguntan quién los había guiado por la catedral.


Escritos en colaboración -a medias- los minirrelatos son un homenaje al pasado día 21, dedicado a las catedrales, y al 24, Día de las bibliotecas.




Imagen propia, bajo la misma licencia que el blog.




lunes, 16 de octubre de 2017

Cazadores de libros Granada y provincia: un año liberando sueños.







Esta vez hace algunos meses Facebook me encaminó a un grupo que despertó mi interés. Cazadores de Libros de Granada y provincia. Cierto es que tardé unos meses en volver a dar con él, estas letras son para felicitar su año de vida. Ademas de contaros en qué consiste.


Entre los libros que teníamos en casa elegimos uno, en este caso. Uno de cocina. País por país, gastronomía colombiana.




Dentro están las instrucciones para quien encuentre el libro y sepa su procedencia y las reglas del juego. Haces una foto del libro, del mismo en el lugar donde lo dejas y otra donde está para dejar una pista para que los cazadores puedan encontrarlo. 








Con el segundo libro nos hemos permitido una licencia poética. Los Caballeros de la Vera Cruz de David Camus. 










Ya que lo hemos liberado en la puerta de la antigua prisión provincial de Granada. 

Ya solo queda entrar en la pagina de Facebook y subir las pistas y las fotos al álbum de libros sembrados y poner el titulo y los indicios para que alguien lo halle o quizá alguna avezada persona lo descubra . Nunca se sabe. Quien lo encuentre y quiera puede entrar también en el grupo y subir una foto del libro  en el álbum de  libros cazados. 


Es una bonita y curiosa manera para leer más, enseñar a los peques de la casa lo divertido que es el mundo de la lectura y sobre todo  conocer gente con inquietudes y gustos comunes. Espero poder escribir mil y una entradas como esta por que querrá decir que el grupo crece y cumple años. Aprovecho para dar las gracias a Eva por el gran trabajo que está haciendo, un abrazo. 




Imágenes propias Bajo la misma licencia que el Blog.



jueves, 28 de septiembre de 2017

Libros:La verdad sobre el caso Harry Quebert.





Antes de escritora soy lectora, y me he dado cuenta leyendo este libro que ambas pasiones tienen mucho en común. En esta ocasión fue Guille quien dio con este libro. Le gusto y me invitó a que lo leyera. 


Marcus es un joven de treinta años que después del éxito de su primera novela, se encuentra ante el síndrome de la pagina en blanco. Decide visitar a su mentor buscando la inspiración. A partir de esta premisa nos encontramos con una novela compleja en cuanto a su estructura, fácil de leer y que engancha en cada una de sus páginas.



Nos encontramos con una historia en varios tiempos, que entre sí se alimentan, y en conjunto forman una historia en la que desde la primera página nos preguntamos quién era realmente Nola y quien la mató. Para responder a esas dos preguntas nos sumergimos en la vida de un pueblo de los setenta, en la vida de sus gentes, en sus sueños, en sus fracasos, en sus mentiras, en sus secretos más oscuros y en la búsqueda de una felicidad que no supieron encontrar. Casi treinta y cinco años después quienes todavía viven siguen anhelando aquello que soñaban y nada es lo que parece. Nuestro protagonista se busca a sí mismo, en una lucha por salvar a su mentor  de la hecatombe. 



Al principio de cada capitulo Harry aconseja a Marcus sobre la manera de escribir,  dándole 31 consejos: desde como comenzar el primer capítulo hasta el momento en el que el libro sale del control del autor. 


Novela negra, con tintes de humor e ironía sobre todo sobre el mundo editorial y sobre las relaciones familiares del protagonista. Añade también algunos momentos históricos de los últimos años ocurridos en América, que cambiaron el país. 


Recomendable para los amantes de la lectura, de los desafíos y sobre todo de quienes disfrutan leyendo y escribiendo.





Imagen propia, bajo la misma licencia que el Blog. 





martes, 12 de septiembre de 2017

Somos...





Somos cipselas,
movidas por el viento,
que vuelan, que se alejan
deseando, que el verano
sea eterno.







Imagen propia bajo la licencia del Blog. 



domingo, 27 de agosto de 2017

Disculpe pero nadie puede ayudarle.




Es curioso leer mucha de la publicidad de servicios o bienes que nos venden a diario. Su lema principal: nuestro trabajo, ayudarle en todo lo que necesite. Una mentira como la catedral de Sevilla. En el momento que firmas un contrato o compras se acabó el idilio. Usted no ha leído la letra pequeña, existe una ley que nos ampara... y un largo etcétera que no se acaba ni el día del juicio final a medianoche. Pero no ocurre solo en la empresa privada, en los servicios públicos también sucede otro tanto. Si no conocemos nuestros derechos podemos pasar mil y una batallas y alguna que otra penuria.

Todo bien, o servicio se estandariza, se da por hecho que todo el mundo vive en un lugar similar con las mismas características y que todos los individuos somos iguales sin tener en cuenta las peculiaridades de cada lugar o persona. Estamos acostumbrados a dejar pasar, nos han hecho pensar que las cosas ocurren así y no hay otra salida. Existen hojas de reclamaciones, asociaciones de consumo, y organismos pertinentes cuya labor es velar por los usuarios y consumidores.

Se empieza por dejar pasar que un producto que hemos comprado no tiene garantía o le falta algo que se especificaba en los carteles. Quizá esa pérdida no sea tan grande como la de una vida propia o de un familiar. Pueden hacer negocio de nuestras vidas, y más si les dejamos.
Se ha luchado por los derechos que tenemos durante mucho tiempo y en ello hay gente que ha perdido la vida, la salud, y es triste que dejemos escapar lo que tanto costó conseguir y bien se cumple que no se sabe qué se tiene hasta que se pierde.


Si queremos cambiar el mundo empecemos por nosotros y por lo que nos rodea. 

Imagen propia bajo la misma licencia que el blog. 

domingo, 20 de agosto de 2017

Sueños usados.






Abrí los ojos de golpe. Cabezada de diez minutos. El sol ya no arañaba el color de las cortinas, ni pintaba lanzas de polvillo impalpable atravesando el salón con saña de semanas. Maldito verano eterno. Me puse en pie. Las treguas son lo que son y valen lo que valen. Ella apartó la vista de la televisión. No, no había sido una pesadilla. Un sueño impersonal, imágenes vistas desde fuera a las cuales no perteneces. Telarañas grises con luces y sombras afiladamente vivas. Películas en blanco y negro. Le ofrecí un paseo deseando que no lo aceptara. Si algo nos sobra es malhumor. Pol estaba sobre sus cuatro patas, de guardia en la puerta con la correa en la boca, en silencio.

-Te dije que iba a venir Kili. No la aguantas.

Claro que eso no era cierto. No del todo. Pero mejor asentir sin más. Durante un segundo me miró de otra manera.
-Daos una vuelta, que Pol se canse. Está muy nervioso.
-De acuerdo.
-Y, si no te importa, fíjate en los anuncios que veas pegados por ahí.
-Lo sé. Se nos acaba el tiempo.
-¿Estás bien? -sus cejas se levantaron juntas.
-Claro que no. Habrá sido la cabezada.
-Un sueño usado.
-¿Qué has dicho?
-Te has cruzado con el sueño usado de alguien -volvió a mirar la televisión- Pasadlo bien.

Pol quería correr, y yo cualquier cosa que me alejara por un rato. A mucha gente les fascinan las ciudades vacías en agosto. Los cierres bajados, los toldos subidos, los carteles de cerrado por vacaciones. Creerse dueños de enormes avenidas abrasadas bajo un sol de horno, callejear rincones a menudo atestados con el único eco de los propios pasos. El mundo parecía contener la respiración. Ahora un rayo blanco partiría el cielo: empezarían a caer gotas muy gruesas siseando en las grietas resecas de las aceras, y una chica se quedaría mirando hacia arriba antes de echar a correr tapándose el peinado. 

Sucedió exactamente así. Lo que había soñado. Pol tiraba de la correa. Directos al parque. Lo solté. Las gotas eran ahora un espeso velo frío que arreciaba y lo cambiaba todo. Cayó el polvo de hojas y troncos revelando el verde intenso del estío, las formas de las cortezas, los colores agrisados en los parterres. Olía intensamente a barro, el estanque repiqueteaba, todo se llenó de charcos. Habría un vagabundo blasfemando, dos prudentes ancianas con paraguas. El guarda con la espalda pegada a la caseta de los urinarios, cerrados muchos años atrás.

Todo estaba en su sitio. Incluso Pol, embarrado hasta el último pelo, con la lengua colgando, absolutamente feliz. Tan feliz como para olvidar su mutismo educado ladrando y persiguiéndose la cola antes de ser más rápido que el mismo rayo. Todos tenemos un punto de locura, hasta los perros. De un brinco se tiró al estanque volviendo a su vez locos a patos y cisnes. No los tocaría. Aún así apreté el paso hacia el guardia.

-No les hará daño. El verano lo ha vuelto un poco impulsivo, es un perro de aguas.
-Como para no volverse loco. No pasa nada. Ganas me dan a mí de tirarme, ahora que lo han dragado y está recién limpio. Si hasta se nos han muerto patos pequeños, mierda de verano del infierno.

Volvimos bajo la lluvia. Volaban algunas hojas tempranas y partes de periódicos ya tardías. Fui a darle una patada a un folio, y me detuve. Estaba en el sueño, empezando a emborronarse, detenido en las patas de una papelera. Lo cogí.

Entramos por el patio, donde Pol aceptó un baño con jabón y manguera, se sacudió mucho y me esperó mientras yo hacía lo mismo. La única ventaja del patio era su total intimidad tras el alto muro de hormigón gris. La ropa estaba tendida a cobijo de una chapa de uralita. Saqué el móvil de la bolsa de plástico, horrorosa pero útil cuando ya has perdido uno por culpa del agua. Y llamé.

Kili seguía en el salón. Las voces sonaban animadas con la televisión como fondo. Saludé sin que me costara sonreír. 

-Os habéis empapado.
-Empapados y limpios, con alguna aventura. Ya era hora de que lloviera de una vez. ¿Queréis que cenemos chino? Tengo buenas noticias.
-¿Cuales? -la voz de mi compañera cambió.
-Un anuncio- le tendí el folio emborronado- Acabo de llamar, nos citamos a mediodía.
-Qué suerte -Kili rebosaba alegría sincera.
-Me he cruzado con el sueño usado de alguien que no necesitaba el folio, o no lo recogió. Ella te lo explica mientras reviso la cocina y voy a por la hoja del chino.



Imagen propia, bajo la misma licencia que el blog.


lunes, 14 de agosto de 2017

1460 días mas o menos.











Son los que tiene de vida este Blog, cuatro años en los que han pasado muchas cosas. Muchas buenas, otras menos. Aquí he salido de mi caja de confort, he seguido aprendiendo a plasmar mis letras, sin dejar de imaginar, y se que siempre quedara algo por aprender. Este lugar se creó como canal para dejar fijada esa magia que fluye por nuestras venas y que necesita salir y trasformarse en historias, en relatos, en leyendas, en parte de nuestra vida real. Gracias a los que nos leéis, seguís, y comentáis, esperamos seguir caminando en vuestra compañía y que sean muchos más.

Por mi parte he aprendido -estoy aprendiendo- algo que creía imposible. No difícil, complicado o duro: imposible. Escribir a medias estaba para mí en la galaxia muy, muy lejana de lo irreal. Claro que no todo está escrito a medias, hay espacios personales. Ya veis, lo imposible sucede si se trabaja lo bastante. Sois vosotros quienes debéis juzgar los resultados.

Al igual que acaba de hacer Ainhoa, os doy las gracias. Por la constancia. La paciencia. Las críticas. Los retos. Es un placer compartir todo esto con vosotros.

Ainhoa y Guille. 







martes, 8 de agosto de 2017

Angeles blancos.






Una casa retirada del pueblo hay velas y se escuchan los rezos, pero también hay música  de castañuelas, acordeón  y guitarra, jóvenes que bailan cerca de donde reposa una criatura vestida de blanco. Desde la pared lo guarda una estampa de la Virgen con el Niño. En tierras de Valencia: se llama el Vetlatori del Albaet y en  América Latina el velatorio del angelito.

Se cree que la costumbre existe desde que los árabes poblaron la península y después los conquistadores la llevaron al nuevo mundo. La tradición se ha conservado hasta bien entrado el siglo pasado aunque no era de gusto de la iglesia.

Una criatura había partido hacia el cielo, no había cometido pecado alguno, por lo que iría directamente a la morada celestial  y se convertiría en angelito. Consuelo para los padres y alegría y fiesta para los vecinos, que vestidos de domingo festejarían toda la noche que aquella alma dejaba aquel mundo de pena y dolor para alcanzar la vida eterna. Amortajada de blanco y con los labios y los mofletes pintados de de rojo,  acompañado  de flores blancas, todos los reunidos darían el pésame pero a la vez se alegrarían por que había un angelito más en el cielo.

Algunos extranjeros que visitaban aquellos lugares se sentían extrañados, ya que lo que creían una boda era un funeral, en el que se cantaba, bailaba, comía y bebía, y los mas jóvenes aprovechaban para conocerse y ligar.

No eran pocos este  tipo de festejos ya que muchos niños morían, la iglesia y hasta las autoridades civiles los prohibieron  y persiguieron duramente, tanto en España como en México, Argentina y Chile, ya que los consideraban actos donde podían darse rienda suelta a todo tipo de excesos.

La cantautora (entre otras artes) Violeta Parra puso  letra  y música a esta tradición en una canción titulada el Rin del Angelito. Existen muchas canciones populares a este y al otro lado del charco que acompañaban al pequeño en su ultimo viaje.



Imagen de Wikipedia bajo la misma licencia que la fuente.





martes, 25 de julio de 2017

La memoria de los elfos.



Más a menudo de lo que parece frases sueltas de un libro se convierten en estrellas de las redes sociales, se copian mil veces, se repiten, incluso acaban adornando grafittis urbanos. Los recuerdos de los elfos son siempre verdes y jamás se marchitan. Tolkien tenía que ponerle remoquete o no hubiera sido él. Pero son sólo recuerdos.

De entrada la frase es, o puede ser, poética. No significa nada. Nada especial. Todos los recuerdos son siempre verdes. Ninguno se marchita jamás. Por supuesto, son recuerdos. Vosotros tenéis de esos verdes recuerdos para llenar muchos álbumes. Recuerdos mágicos y atemporales a través de los cuales podéis moveros, repetir lo vivido, modificarlo, imaginar otras opciones posibles. Podéis hacerlo con todo el control de la vigilia, o entre la neblina del duermevela donde lo recordado se tiñe de bruma, o dormidos. Soñar con lo mismo (la materia prima no cambia) con el menor control posible. 

Existe una única ley. No importa que aquella casa de la infancia sea hoy una sucursal del banco Robameroque, ni que un incendio convirtiera vuestro bosque en cenizas. Ni tan siquiera importa que las personas de vuestros recuerdos hayan muerto hace años. Sigue ahí, todo intacto: la casa, el bosque, los rostros, las voces. La ley sólo prohíbe ir hacia adelante. Siempre verdes y sin marchitarse, pero incapaces de subir al carro del tiempo. Algunos de mis recuerdos muestran compañeros de clase con diez o doce años, rostros que jamás cambiarán ni crecerán aunque quienes hoy sigan vivos de aquellas cuadrillas sean un poco o muy calvos (depende), tengan el pelo gris y hayan dejado atrás el medio siglo. 

Curiosa, la memoria. En ella cabe viajar hacia atrás o hacia los laterales, nunca hacia adelante. En lo que llamamos realidad sucede a la inversa. Sólo es posible ir hacia el momento siguiente. Y nunca estábamos hablando de la memoria de los elfos, por supuesto.






Imagen: Sello de la tumba de Tutankhamon, fotografía de Harry Burton, Griffith Institute, Oxford, National Geographic Society, 1922. Bajo licencia Wikimedia Commons.

domingo, 9 de julio de 2017

viernes, 7 de julio de 2017

Apagado o fuera de cobertura




Breve. Jueves seis de julio de 2017, una sala de sillones en las urgencias de un hospital provincial. Media plantilla de vacaciones y el resto, minicontratos del carallo, acojonados. Un error es el fin del mundo. Ya. Yo lo sé, y jugaré esa carta amable y cómplice. El resto no lo sabe. La ansiedad sube tanto como para volver obsesivo el control de la tensión  de los pacientes. Que no se muera ninguno. Que no se me muera a mí.

En el sillón siete está sentado un tal Serafín, así ha dicho llamarse, responde. Indocumentado. No hace falta ser del CSI. Una maletita pulcra, calzado decente, calcetines de hilo negro sin agujeros, rasurado, bien cortado el cabello. Flaco como un clavo. Demasiado flaco. Duro de oido. Muy duro, sorderas. 

Las preguntas de rigor son necias. Si le dices a alguien lo que se supone que siente (cansancio, desorientación, ahogo, sed, hambre) ya sabe qué ha de responder. Eso, a gritos. Sordo. Vale. La doctora de turno ya ha cumplido, pasapelota. Tensión perfecta para una edad estimada en torno a 80. Nada de diabetes. Ni colesterol. Ni hostias. Algo deshidratado. Podían darle agua, pero le cogen una vía. Suero. Ya. Así se queda. Si no, lo pones en la calle con la maletita, los zapatos lustrados y sin GPS.

A las dos horas, discretamente, ya han agotado los recursos y asoma la guardia civil muy discreta también. El del sillón 5 lo ha visto, se ha peleado con sus hijos y ha tirado de móvil. Les describe el auto y les da la matrícula, a los civiles. Le piden que repita. Repite. Y se van a donde Serafín, a voces que es sordo. Dice que nació en tal pueblo y que vive en él, calle tal número tal, con su mujer y sus hijos, oficio tendero y labrador. Sin duda cierto. Hace cuarenta años. Su mujer está muerta, él jubilado con paga (¿Dije antes indocumentado, que incluye cartilla de ahorros?), y sus hijos o uno de ellos es el dueño del auto cuya matrícula ha dado el del sillón cinco. Una lástima no haber sabido, en su día, el número de fax de la guardia personal de Herodes.

¿Más?  



Sin comentarios.


Imagen propia, bajo la misma licencia que el blog.

martes, 20 de junio de 2017

Locusta




Quien mata tiene al menos un motivo. Dentro de lo que se llama crónica negra me resulta especialmente inusual este caso.  Alguien mata a tres miembros de su familia directa y casi acaba con un cuarto. Durante cinco años nadie ha sospechado nada. Los muertos lo son por causas naturales. Incluso cuando ya no le cuadrarían las cuentas ni a los ciegos de Emaús, las analíticas no encuentran nada. Todo es circustancial.  Y no hablamos de Hannibal Lecter. Se trata de una señora con la que nos cruzaríamos sin reparar en ella. Sin estudios. Ama de casa. Primera mitad de los años dos mil, una ciudad de este país, un barrio obrero. Le he llamado Locusta porque ya se sabe: las envenenadoras son mujeres. Y me interesa el caso en sí, no el lugar ni las vidas privadas.

Una opinión sesgada. Suele decirse que la mujer envenena porque no es capaz de ser más agresiva. Obviamente, falso. Envenena por dos cuestiones más simples, ambas históricas. Recoger comida o trabajar la tierra es asunto suyo. Milenios de saber acumulado. La cocina es su feudo. No se envenena con una cerbatana o un dardo, ni con algo que sabe a rayos, ni con algo que quien envenena no come. Nadie sabe que envenena. De acuerdo. Otra cosa es que nadie, en el siglo XXI, pueda demostrarlo.

Por supuesto, ignoramos qué pensaba nuestra Locusta. Estaba deprimida, decían sus hijos adolescentes. Decidieron mostrarle una distracción, algo nuevo. Si era capaz, la pobre, igual le ayudaba. Internet. Facebook. Chats. Era torpe pero se entretenía. Vale.

Vale. Así se le fue quitando la vieja depresión, la de haber enterrado a su primera hija, un bebé aún. Muerte súbita. Sucede. Una desgracia. Cada quien siguió a lo suyo. En susurros a veces, entre vecinas y el barrio, Locusta lloraba. Su marido era un borracho que los trataba mal a todos. Suspiros. Silencios. Ya se sabe. Mientras sea trabajador...

El trabajador enferma. Lo llevan al hospital. Está mal, no se ponen muy de acuerdo. Años de trabajo duro. Lo medican, indagan. Con su baja laboral en regla regresa a casa. Lo cuidan. Todos comen lo mismo, beben la misma agua. El certificado de defunción indica lo obvio (fallo multisistémico, o sea, nada). Enterrado.

Locusta se deprime más. Racional, razonable. Quiere bajar de peso, le sobra bastante. Quiere hacer algo, buscar trabajo, valerse. Ya. Hace un viaje a una clínica. Perfecta, como siempre, deja hechas comidas etiquetadas y congeladas, para meter al micro. Se ocupa de todo. Y cuando regresa, cena con sus hijos de los mismos envases, de los que etiquetó uno a uno. Nada. 

Nada hasta que un día la hija revisa el historial de navegación de su madre. No puede demostrar nada, a esas alturas Locusta ya medio borra su rastro. Medio. El resto son bromas, nada más. Pero la hija sospecha. A esas alturas Locusta tiene tres novios en una red de citas, y a uno le ha prometido matrimonio. 

Cuando la hija llega al mismo hospital (tras un tiempo prudente) el personal médico lo flipa. Alcohólica, muriéndose. Es una adolescente. Pero el historial de la madre y sus desgracias y simpleza sigue siendo inamovible. En casa no se bebe. Comen lo mismo. Hay adolescentes que se trincan los finde la escritura de siete viñas, y el padre era alcohólico. La chavala muere. Autopsia. Cirrosis terminal. Nada más. 

El hermano no se mete en líos, ni desafía a su madre. Simplemente es la última pieza que sobra en el tablero. Sólo que esta vez el carnicero de la familia, que cada tanto pasa a dejar el pedido y cobrar, lo ve de refilón. Se queda tan asustado que se enfrenta a la madre y llama al 112.

Lo que Locusta usaba, químico, es incoloro. Inodoro. Insípido. Puedes llevarlo en el delantal y echar tantas gotas en cada plato antes de que los pongas en la mesa. Tarda seis horas en desaparecer todo rastro. Para el chaval sólo habían pasado dos. Esta vez si hubo una huella. Ninguna en los demás, aunque los exhumaron. Ya puestos, hasta exhumaron al padre de Locusta y sus hermanos, muertos oportunamente tantos años atrás que era para nada, y para nada fue. Había obtenido la sustancia en cuestión sin receta, con su mejor arma: mi marido es un alcohólico que nos maltrata, nadie me cree, soy una simple mujer desvalida, ayúdenme a mí y a mis hijos, nunca supe de que murió mi niña la primera, yo salía a trabajar, yo no se qué hacía él.

Ni yo tampoco. Pero la viejísima línea racional no funcionó. La muerte empieza en la cocina-hay motivos que no han de ser económicos-un forense debe desconfiar de lo que no ve. 

Realmente me impresionó. Y lo he contado sin gore, en plan frío. Hannibal Lecter era un monaguillo: dejaba demasiados rastros y se las daba de inteligente.



Sobre Locusta (la real): 
https://es.wikipedia.org/wiki/Locusta


Imagen propia, bajo la misma licencia que el blog.

martes, 13 de junio de 2017

Diferencias









Nunca pensó en regresar, ni el volver aquella estación. Se había jurado muchos años atrás, olvidar todo lo que sucedió en aquel pueblo cuyo nombre muy pocos recordaban. Bajó del tren mirando a su compañera de viaje. Sus ojos hacían tan solo una pregunta: ¿Que hacemos aquí?

No recordaba haberse quedado dormido y ni siquiera haber salido de viaje. ¿Había llegado su hora?¿Era la muerte quien lo acompañaba?
Nada de túnicas negras ni capuchas, ni la famosa guadaña. Siguió el camino que trascurría la vereda, vació con paso lento y sin prisa. Era una vela, una bandera blanca que señalaba su camino. Camino tras ella. Recordaba los lugares donde  jugó, el primer beso a una pecosa pelirroja, detrás del pilón de la fuente, los amigos, los trabajos,su mujer, las despedidas y el motivo por el que se marcho...Ya no dolía tan sólo a veces escocía, era como esa postilla que sabemos que esta ahí y no se cae y necesitamos quitarla cueste lo que cueste. 

Llegaron a una casa de puerta verde  y macetas con geranios rojos en los balcones, la mujer llamó a la puerta y esta se abrió sola,  entró. Él se quedó en el umbral escuchando.

El hogar estaba encendido y  la madre  y el niño dormían en el lugar mas tibio, la abuela se levantó y escuchó que la puerta de entrada  era movida por el aire, salió de la cocina. Había sido una noche larga, la abuela les dio la bienvenida. Después de todo el abuelo regresó para ver a su nieto. 

Cerró la puerta y los invito a entrar se sentó en la mecedora mientras hacia labores. Las dos visitas miraron a la madre y al hijo durante largo tiempo.

La anciana sonreía con melancolía el día del accidente habían discutido seriamente sobre una tontería. El tren nunca llegó a su destino. Él se acercó y la beso en la nariz como solía, antes de desaparecer en el hogar. Había regresado a casa para quedarse.


Imagen propia bajo la misma licencia que el blog. 


miércoles, 24 de mayo de 2017

Caminos de Santiago: el infierno







Infierno es un viejo cuento de curas, 
un chiste malvado, el polvo que queda
cuando nadie cree en los curas, ni en el infierno.

Infierno es el agotamiento que te seca la boca, te seca por dentro. Y el diablo
en el que tampoco nadie cree, eres tú.

Vulgar es un campo de trampas: cada paso que pesa y mucho, te susurra
sin voces, sin milagros, sin poltergeists, 
nada: nada.

Déjalo, es estúpido. No lo crees, no merece la pena, déjalo
vuelve a casa, escribe un diario ácido, pasa de todo.

La distancia del paso de una bota. ¿No puedo más, a esto 
lo llamáis infierno?

Es el infierno. Des el paso más, o no.





Imagen propia, bajo la misma licencia que el blog.


viernes, 19 de mayo de 2017

El gato al agua







El gato al agua

Había un árbol que daba sombra
al final del callejón. Lo cortaron
cuando la abuela era joven.

Los otros se quejaron, raíces, hojas, mosquitos.
Lo cortaron con hachas.

Luego, cuando la abuela era vieja y yo niño
levantaron un muro de piedra para tapar el callejón.

Los otros se quejaron, los de casitas con jardincillo,
niños de uniforme, autos que robar.

El muro no sería tan alto, dijo la abuela
cuando ya no podía ver que su balcón daba al muro, y no había luz.

Cuando llueve, el agua que busca su camino
horada las raíces del muro,
inunda el callejón, y los otros se quejan
por no poder llevarse el gato al agua.




http://libropalabrasprestadas.blogspot.com.es/2017/05/poemas-prestados-117.html





miércoles, 17 de mayo de 2017

Libros: Marina de Carlos Ruiz Zafon








Me encontré con Marina de manera casual de las manos de una de esas personas que guardan el saber entre cuatro paredes visibles y mundos invisibles e infinitos que son las bibliotecas públicas. Pequeñas copias de ese laberinto de los libros olvidados, tetralogía que escribió el mismo Zafón.

Esta novela es anterior a sus grandes éxitos, como él dice en el prólogo lo escribió a finales de los años noventa cerrando una época de su vida.

Al encontrarme entre las paginas de esta novela, me pregunté que me depararía exactamente. Ya venia con los deberes hechos y  conocía otras obras suyas,  vi en este libro destellos de su propio sello.

Oscar es un joven de quince años que estudia en un internado de jesuitas, su vida monótona y gris cambia al conocer a Marina, una muchacha que vive en un caserón de Sarriá en compañía de su padre. Los jóvenes se verán envueltos en una oscura aventura que les llevara a estrechar lazos.

A simple vista parece una novela juvenil, pero a medidas que  avanzas a través de sus  paginas te das cuenta que no es así. En esta historia hay algo  que nos llevara a un inesperado final.

Zafón vuelve a elegir Barcelona como marco de  una historia de misterio, de lo sobrenatural, donde los cuentos de hadas no son los que nos cuentan. La recomiendo como lectura, y especialmente si estás en una época de cambios quizá te inspire en tu camino.


Imagen propia bajo la misma licencia que el Blog. 














martes, 9 de mayo de 2017

Hoy











Rompió el día
tras una noche velada
se abrieron las puertas
y el pensamiento único
se perdió en los abismos.

Nacieron palabras, ideas,
sueños, el pasado quedó
en la otra orilla.

El futuro se adivina
entre las inexistentes
ruinas.
La libertad enarbola
su desnuda bandera
a un sueño real.

La cultura surge
de entre las musas
y acaricia las almas
de aquellos
 dormidos
que despiertan
a una nueva vida.

La belleza escondida
en los ojos que miran
promesa de un mañana
sin ignorancia. 




Poema con el que participe en la 116 edición de palabras prestadas.