viernes, 28 de abril de 2017

Una abeja va sobre el cofre del muerto...


Un evento con formato de Feria siempre está lleno. Incluye el largo paseo de puesto en puesto, incluye el asombro en sí mismo. Las nuevas experiencias. Y el trabajo, porque también lo es: relaciones sociales, intercambio de tarjetas de visita, pedir permiso para subir fotografías a blogs, sonreír muchísimo, intercambiar opiniones, hacer cuentas mentales, sopesar. Do ut des. Te doy para que me des.

Algunas cosas se me dan bien, y otras fatal. Afortunadamente, formo parte de un equipo que compensa mis carencias a cambio de que yo ofrezca otras cosas. Claro que tras asombro y trabajo llega la hora de la gusa. Hambre. Pillar algo. Genial en una feria de productos alimenticios: pillas unas catas de  cada cual que ofrece y te vas con una muestra de vegano,  una de queso, una de pan. Pasas por la barra, pides dos birras (con su tapa gratis) y acabas bajo la sombra sentados en un banco público de aquellos de metal estilo siglo XIX.

Entonces llegó. Una abeja. No, no somos flores. No tenemos polen. Me he habituado a tratar con avispas y abejas según su código: no te alarmes, no hagas gestos bruscos, apenas te muevas, déjalas convencerse de que no soy comida ni planta. Una picadura para mí supone inyectarse un urbasón. Nunca hay que dramatizar, vive y deja vivir.


La abeja en cuestión sentía un interés excesivo por la birra. Bueno, uno nunca sabe, tal vez sepa que es cebada. Se posaba en los bordes y levantaba vuelo. Luego algo falló. Se puso a catar, y acabó flotando en uno de los vasos. Ainhoa opinaba que se ahogaría (sin duda) pero ahogarse lleva su tiempo. Dignos aprendices de aquel Francisco de Asís improvisamos con uno de los folletos un cazador de bichos. Que no me picara, votoadiós. La sacamos del vaso. Posada sobre una rotonda de jardín decimonónico parecía una croqueta embarrada. Tardará en espabilarse, comentamos. Tardó. Bastante. En ponerse bajo un rayo de sol entre la sombra de los árboles.  Eso sin contar que sin duda había libado, y  debía llevar una castaña de birra guapa. Una abeja es pequeña, yo hacía las cuentas de su tamaño y el rato que anduvo probando antes de tirarse a la piscina. Un buen pedo etílico.

Al final voló, y desapareció. Nos encantaría saber qué contaría, en su lenguaje gestual y químico, al resto de la peña de la colmena.





Imágenes propias (la mala se debe a que la abeja era más rápida que el ajuste de la cámara) bajo la misma licencia del blog.

jueves, 27 de abril de 2017

El inquilino y las multitudes.




Martes 18 de abril, Día de los Monumentos: algunos lugares que normalmente están vetados se abren para que el curioso turista, móvil o cámara en ristre, inmortalice el momento.

Mediodía y por fin llegamos a nuestro lugar de destino, una pequeña cola de varias personas que estaban esperando entrar en el patio. En anteriores visitas siempre  lo habíamos visto desde la puerta abierta en la lejanía con los hombres de verde haciendo su trabajo. 

Entramos y nos mezclamos entre la gente que miraba con curiosidad, en un ataque creativo pulsé el botón de la cámara y cual Sofia Coppola me atreví con un vídeo del lugar.

No todos los días se puede entrar en el patio de la Real Chancillería de Granada, por lo que aproveché al máximo mi inspiración y comencé a grabar. Paneles informativos, escudos en las paredes de los Reyes Católicos y los relieves de los caballeros y damas ilustres en la galería del segundo piso.

Me disponía a grabar la escalera, cuando a través del objetivo en una cerrada ventana donde había dos asientos de piedra, uno a cada lado, me pareció ver algo que se materializaba.

En ese momento asombrosamente no había nadie cerca. Apagué la cámara y me senté en el asiento libre. Había escuchado historias sobre el Maestro Lorenzo, que fue verdugo de la Chancillería a finales del siglo XIX.

Con capa negra y sombrero de ala ancha miraba a los que nos rodeaban pareciendo poco convencido, busqué durante un segundo a Guille y al no verlo supuse que estaba sacando el artesonado de la escalera.

El caballero parecía tener ganas de hablar y no estar de muy buen humor, ya de normal había mucha gente andando por el lugar: jueces y abogados y presuntos.... Sin contar todos aquellos que alguna vez en su vida no habían encontrado justicia allí. Pero ya la oleada de turistas y curiosos era el remate. 

Sin despedirse subió las escaleras mientras daban la media en las campanas, me quedé  asombrada, mientras un par de turistas me miraban, esperando a que les dejara sentarse.

Subí las escaleras esperando encontrar una pista de lo ocurrido, Guille me señalo el segundo tramo y una de las paredes y me dijo que había seguido ese camino. Mientras bajábamos  escuchamos el rumor de pasos lejanos y la voz de alguien que no llevaba bien transitar en estos nuevos tiempos. 



Imagen propia bajo la misma licencia que el Blog. 













martes, 11 de abril de 2017

Soltar lastre



Hermann Hesse escribió: 'Lo que no está dentro de nosotros no nos inquieta'. Y, en cierta manera, me parezco a Jorge de Burgos. ¿Sería capaz de matar por un libro? Supongo que no. Deshacerse de ellos es otra cosa.

Todos tomamos decisiones. Podemos contarlo de manera cómica, por supuesto. A lo largo de mi vida adulta he hecho trece mudanzas. Y si algo se es que los libros pesan. Muchísimo. Ayer estaba esperando a que los amigos de la A.A. Montes Orientales llegaran -me temo que sin GPS- a un punto de cita para recoger una donación de libros que ellos venderán a su vez. Ya sabéis, para cuidar de animales pendientes de adopción. Lamentablemente había olvidado preguntar de qué color era su auto, y la matrícula. Para mí todos los autos son máquinas iguales, desconozco modelos y marcas. Con cuatro ruedas y que funcionen, me basta. Mientras esperaba me lo iba imaginando. Una furgoneta en plan hippie. Una furgo con look operario. Un cochemoto. Lo ideal sería un auto fúnebre, entendemos que sin inquilino, bien largo y cómodo para cargar con cajas. En un barrio supersticioso ese ni lo tocan, y daría que hablar durante meses. Al final fue un coche azul, con maletero. Carallo. El de la funeraria habría molado un montón.

Y al final se fueron cien libros, entre ellos tres enciclopedias completas. Lástima, dejaron poco hueco para el futuro diseñado. Y me hicieron pensar en que los libros han sido tan parte de mi vida que he cargado con ellos. Literalmente. Tiempo de soltar lastres. Otros no serán donados, sino vendidos. Obvio. Y, racionalmente, no pasa nada. Nada excepto que una parte de mí se siente como quien ha empezado a quemar su biblioteca. Ya se me pasará.


Imagen propia, bajo la misma licencia que el blog.

lunes, 10 de abril de 2017

Realidad









Esa con la que te das de bruces
en algunas esquinas 
la que esta fuera de nuestra caja de confort.
Que tiñe la tierra de rojo
que dibuja sonrisas y esconde lloros.
El collage de nuestras decisiones, 
de los miedos,de las buenas acciones.
Siempre maldecida por ser el despertar
de los sueños, escrita, esquematizada, 
diseccionada, por casi todos.

Ignorada y temida, desconocida, 
distorsionada, de la que huimos
y aunque tan vapuleada sigue
en blanco esperando a ser
contada.  



Imagen propia bajo la licencia de el Blog.