lunes, 14 de agosto de 2017

1460 días mas o menos.











Son los que tiene de vida este Blog, cuatro años en los que han pasado muchas cosas. Muchas buenas, otras menos. Aquí he salido de mi caja de confort, he seguido aprendiendo a plasmar mis letras, sin dejar de imaginar, y se que siempre quedara algo por aprender. Este lugar se creó como canal para dejar fijada esa magia que fluye por nuestras venas y que necesita salir y trasformarse en historias, en relatos, en leyendas, en parte de nuestra vida real. Gracias a los que nos leéis, seguís, y comentáis, esperamos seguir caminando en vuestra compañía y que sean muchos más.

Por mi parte he aprendido -estoy aprendiendo- algo que creía imposible. No difícil, complicado o duro: imposible. Escribir a medias estaba para mí en la galaxia muy, muy lejana de lo irreal. Claro que no todo está escrito a medias, hay espacios personales. Ya veis, lo imposible sucede si se trabaja lo bastante. Sois vosotros quienes debéis juzgar los resultados.

Al igual que acaba de hacer Ainhoa, os doy las gracias. Por la constancia. La paciencia. Las críticas. Los retos. Es un placer compartir todo esto con vosotros.

Ainhoa y Guille. 







martes, 8 de agosto de 2017

Angeles blancos.





Una casa retirada del pueblo hay velas y se escuchan los rezos, pero también hay música  de castañuelas, acordeón  y guitarra, jóvenes que bailan cerca de donde reposa una criatura vestida de blanco. Desde la pared lo guarda una estampa de la Virgen con el Niño. En tierras de Valencia: se llama el Vetlatori del Albaet y en  América Latina el velatorio del angelito.

Se cree que la costumbre existe desde que los árabes poblaron la península y después los conquistadores la llevaron al nuevo mundo. La tradición se ha conservado hasta bien entrado el siglo pasado aunque no era de gusto de la iglesia.

Una criatura había partido hacia el cielo, no había cometido pecado alguno, por lo que iría directamente a la morada celestial  y se convertiría en angelito. Consuelo para los padres y alegría y fiesta para los vecinos, que vestidos de domingo festejarían toda la noche que aquella alma dejaba aquel mundo de pena y dolor para alcanzar la vida eterna. Amortajada de blanco y con los labios y los mofletes pintados de de rojo,  acompañado  de flores blancas, todos los reunidos darían el pésame pero a la vez se alegrarían por que había un angelito más en el cielo.

Algunos extranjeros que visitaban aquellos lugares se sentían extrañados, ya que lo que creían una boda era un funeral, en el que se cantaba, bailaba, comía y bebía, y los mas jóvenes aprovechaban para conocerse y ligar.

No eran pocos este  tipo de festejos ya que muchos niños morían, la iglesia y hasta las autoridades civiles los prohibieron  y persiguieron duramente, tanto en España como en México, Argentina y Chile, ya que los consideraban actos donde podían darse rienda suelta a todo tipo de excesos.

La cantautora (entre otras artes) Violeta Parra puso  letra  y música a esta tradición en una canción titulada el Rin del Angelito. Existen muchas canciones populares a este y al otro lado del charco que acompañaban al pequeño en su ultimo viaje.



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